Relato Guatraché


Una ruta. Negra y con las rayitas blancas, como cualquier otra ruta. Pero esta era más infinita.
El cielo celeste, bien celeste y amplio.
Aire puro, con olor a pasto, a animales.
Pastos secos, árboles pelados o hectáreas inundadas, vacas chapoteando y barro, mucho barro.
Viajar por la nada, llegar a la nada, quedarte en la nada.
O en el todo, en la naturaleza intacta, pura. En la vida.
El pueblito que duerme más de lo que vive. O vive pero para adentro, con calidez de hogar.
Y más allá, unos kilómetros más por la ruta sin luz, por la boca del lobo, con la curvita señalada, más allá, está la laguna.
La laguna blanca vista desde lejos, con barro curativo para los turistas.
Laguna rodeada de arboles y bosques con pumas y jabalíes.
Agua y pasto. Frío, mucho frío.
Y el complejo sencillo en su frente.

-

Viaje este fin de semana a un lugar en el medio de la nada.
La nada porque acá creo tenerlo todo y ahora me cuestiono cuánto me pierdo.
No tuve Internet, no tuve señal en el celular, juegos ni televisión, pero tuve un cielo increíble.
Desde Santiago que no veía tantas estrellas.

2 comentarios:

  1. Si. Lo que pasa tambien que el ser humano es contradictorio. Uno que vive en la locura de la ciudad desea irse a vivir en medio del campo, donde el unico ruido sea el de los pajaros, las noticias sean solo las que vive en cada salida del sol, el transito lo conformen algun perro que aparece y luego se va, alguien que por ahi pasa en bicicleta.
    Pero despues de un tiempo se termina cansando de la monotonia, la soledad, y extraña las luces de la ciudad

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Puede ser Gustavo. Quizás cada un poco de tiempo estemos intentando escapar de las rutinas que nos creamos.
      ¡Gracias por tu comentario! Saludos :)

      Eliminar