Diario de viaje: Nueva York






De Washington a Nueva York hay 4 horas de viaje en micro. El trayecto está lleno de barrios como los de las películas con casas parecidas, en altura con una pequeña escalera que conduce a la puerta de entrada, aros de basquet y graffities. Creo que la gran conclusión del viaje es que los directores de cine, escenógrafos y realizadores, logran plasmar muy bien los ambientes del país en sus películas. Todo lo que vi me hizo sentir adentro de un largometraje: desde los cestos de basura hasta los edificios.

Cargadas con tres valijas gigantes, dos mochilas y una carry-on, Sofi y yo notamos que todavía no era la hora de check-in en el hostel, por lo que, así como estábamos fuimos a un Subway pequeñito en el que con suerte cabíamos nosotras y nuestros bártulos, pero excelente en cuanto relación calidad-precio. A mi, el rey de los sándwiches nunca me defrauda, además dicen que es mejor malo conocido que bueno por conocer y en esa circunstancia de cansancio, atolondramiento, euforia y hambre la ley aplicaba al cien por cien.

Mientras comíamos surgió, creo que, sin ánimos de desmerecer el resto del viaje, la anécdota más importante e increíble de todas. Una de esas historias que sé que le voy a contar a cada persona nueva que conozca, a mis hijos y a mis nietos porque la emoción que implicó para mi fue de otro nivel.
Estábamos sentadas en la barra a mitad de nuestros sándwiches mientras organizábamos el cronograma de las actividades que íbamos a hacer en nuestra corta estadía en la espectacular jungla de cemento que es Nueva York.

Desde chica siempre tuve el sueño de caminar por Broadway y ser espectadora de una de sus obras por ende eso no se negociaba, tenía que estar sí o sí en el itinerario. Sofi estaba con su celular consultando los espectáculos de el fin de semana. Nos decidimos por Cinderella, un musical interpretado por la cantante Carly Rae Jepsen y  la actriz Fran Drescher, de "La Niñera". Cuando estaba eligiendo butacas, a escasos minutos de presionar "buy", una ventana emergente apareció en su pantalla con una publicidad de la obra The Cripple of Inishmaan en la que el protagonista, según el bendito pop-up (nunca quise tanto a los spams como en ese momento) era Daniel Radcliffe, si, el protagonista de Harry Potter.  Ambas, fanáticas al borde de la locura de la saga escrita por J.K Rowling, no podíamos creer lo que leíamos. Nos pasabamos de mano a mano el celular para releer mil veces oración por oración y cerciorarnos de que realmente era él quien actuaba. Caímos en la cuenta de que existía la posibilidad de poder ver actuar en vivo y en directo al actor que encarnó al personaje de nuestra infancia. Estabamos emocionadas, exaltadas, queríamos dejar todo en ese instante en el hostel y correr hacia el teatro.

Así fue. Dejamos lo más rápido que pudimos las cosas en el hostel, del que voy a hablar después, y literalmente corrimos hasta el teatro para confirmar la veracidad del anuncio.

El Cort Theater queda en la 138 West y 48th street. Una cuadra antes ya veíamos las fotos de Daniel en la marquesina. Gritamos de emoción en la calle y entramos alborotadas a sacar nuestras entradas. La señora de la boletería se reía de la situación: le contamos que eramos argentinas, que realmente amábamos a Radcliffe y no podíamos creer que teníamos la posibilidad de verlo. Nos vendió dos entradas muy baratas y nos dijo, para aumentar nuestra alegría, que al terminar la función, todos los actores salían a saludar, sacarse fotos y firmar autógrafos con la gente. Como comentario final, dijo entre risas que Daniel era muy simpático y siempre se quedaba hasta el final.

Por ahora voy a dejar abierta la historia y pasaré a relatar el resto del día, las horas previas.

Nos hospedamos por un costo accesible en el Chelsea International Hostel. Nuestra habitación era privada con baño compartido. La única desventaja era que solamente había escaleras pero el resto estuvo muy bien. Los cuartos, baño y espacios comunes eran sencillos y limpios. La terraza era muy linda y el desayuno completo: café, yogurth, jugo, bagel, mermelada y queso.

Salimos a recorrer Nueva York. Nuestro primer destino fue Broadway Av, con sus carteleras gigantes, luces, nombres de actores de primera línea, la recorrimos hasta llegar al Times Square.

Nueva York es brillante, realmente deslumbra. Hay demasiada información pero no llega a molestarte porque esa es su esencia. La ciudad tiene vida propia, tiene movimiento y velocidad.

Decidimos ir al Madame Tussauds Museum. La entrada es bastante cara pero la experiencia es muy divertida. Las figuras de cera están muy bien logradas y las escenografías también. Sale de lo común al poder interactuar con los objetos y pasar a formar parte de esta forma de arte. Desde Brad Pitt o La Roca hasta Obama o el Papa Juan Pablo II, la cantidad de personalidades de renombre internacional es asombroso.

Cada vez se acercaba más la hora de la función. Decidimos encaminarnos al teatro. Una vez dentro descubrimos que nuestras ubicaciones eran maravillosas, aún hoy sostenemos que la señora de la boletería nos hizo un regalo. Estábamos en un palco lateral, donde solamente había seis asientos y a un nivel muy cercano al escenario, difícil creer que realmente costaban lo que habíamos pagado.

La obra fue fantástica. Todo el elenco rompió el escenario con un acento británico exquisito. Vimos a Daniel actuar en vivo y en directo sin poder creer que realmente lo estábamos viendo.

Cuando salimos del teatro, esperamos al lado de una puerta y tras 15 minutos, salió. Se acercó a la valla, nos saludó, le contamos que eramos de Argentina, nos agradeció por ir a verlo, nos firmó autógrafos, agarró la cámara de Sofi y se sacó con nosotras una foto. Debo admitir que estaba tan nerviosa que me dijo: "Ok, wait, where is your name?" porque lo único que hacía yo era repetir entre grititos sofocantes y llanto contenido "Can you please sing this for me?".

Nos fuimos a dormir maravilladas, sin poder creer lo que habíamos vivido.

El día siguiente lo aprovechamos desde temprano para recorrer porque ya teníamos entradas para otra obra de teatro que era a la noche.

El primer destino fue conocer la Estatua de la Libertad. Sofi ya había ido y aseguró que no valía la pena llegar hasta la isla que contiene la escultura, sino verla desde un paseo en barco, confié y salí ganando. Tomamos el Staten Island Ferry que es gratuito, la Estatua se ve de lejos pero no me arrepiento. Es más chicas de lo que esperaba y no dice mucho. Sin dudas el viaje en el ferry pudiendo ver Nueva York desde el agua fue lo mejor de la experiencia.

A la vuelta caminamos por la costa hasta el Puente de Brooklyn. Se convirtió en uno de los lugares que más me gustaron de la ciudad. La vista que ofrece es asombrosa y su estructura es imponente.

Tomamos el metro, que resulta difícil las primeras veces pero una vez que se entiende la lógica del up-town/down-town resulta más sencillo, y visitamos Trinity Church a la que llegamos de casualidad buscando el 9/11 Memorial.

Tras pagar un bono contribución y pasar por numerosos detectores de metales y procedimientos de seguridad, accedimos al  homenaje que es frío, fuerte y triste. Las cascadas enmarcadas en mármol negro, el agua que cae hacia abajo, las rosas blancas en los nombres de los cumpleañeros. Hasta el aire tiene una carga emocional pesada. No podía evitar pensar en la gente que estaba caminando por las calles aledañas cuando el atentado ocurrió, ver como una pesadilla se torna parte de la realidad.
Lo que más me gustó del lugar fue una bandera del país formada con los nombres de las victimas que se encontraba en la entrada, y un árbol que sobrevivió intacto a la caída de las torres.

Desde ahí encaramos para el lado China Town que me recordó mucho a Once Retiro, un híbrido entre los dos con manteros, puestos de chucherías y vendedores que a los gritos te ofrecen cada vez por menos dinero sus mercaderías. Decepcionada me fui caminando hacia Little Italy, un barrio más pintoresco en donde los restaurantes abarcan casi todas las veredas, el olor a salsas y pizza inunda las calles y las flores se ven en casi todos los alfeizares de las ventanas. Elegimos un lugar y nos sentamos a comer, por primera vez en nuestra corta estadía, comida casera: un calzone.

Felices por nuestra elección tomamos el metro de regreso para llegar hasta el Central Park. Es tan inmenso y laberíntico que nos fue imposible recorrerlo entero. Constantemente se necesita mirar un mapa porque son muchos los senderos, pasajes y calles. Además siempre te topas con algo que te llama la atención y te desvía del camino original que buscabas seguir. Pasamos por canchas de beisbol, el lago donde Blair, de Gossip Girl, le da de comer a los patos cuando está triste, el homenaje de Imagine a John Lennon, en dónde encontramos a un chico sentado en un banco tocando Here comes the sun con una guitarra criolla y el famoso y pintoresco puente.

Nuestra siguiente parada fue en la Grand Central Terminal, la estación de trenes. Su arquitectura deslumbra, es realmente hermosa, al igual que la New York Public Library, dónde las escaleras de mármol te invitan a subir y bajar admirando los retratos enormes que cuelgan de las paredes.

Recorrimos a pie el Upper East Side con sus edificios elegantes y calles prolijas y luego por la famosa 5th Ave. donde se encuentran los locales de las primeras marcas del mundo de la moda como Louis Vuitton, Chanel o Fendy. Sobre la misma avenida se encuentra la imponente St. Patrick Cathedral, pero estaba en restauración. Entramos a conocer su arquitectura neogótica realizada en mármol entre andamios.

Justo en frente se encuentra el Rockefeller Center por lo que aprovechamos la parada y sacamos algunas fotos. El tiempo no nos daba para poder subir al mirador. Quedó pendiente para una próxima visita.

Desde ahí nos dirigimos al Longacre Theatre a ver la obra Of Mice and Men, interpretada por James Franco, actor de "127 horas" y "Spider-Man", y Leighton Meester, actriz de "Gossip Girl". Fue una puesta en escena muy divertida y fluida. A la salida, nos quedamos a esperar a que salieran para poder tomarnos fotos con ellos. El cholulaje es lo nuestro.

Comimos en un Mc Donald's de una calle poco transitada que fue lo único que encontramos abierto de camino al hostel, previo pasar a saludar a Idina Menzel, la famosa actriz de Broadway, que se encontraba firmando autógrafos a la salida de su obra. El local de comidas rápidas tan famoso en Argentina, deja mucho que desear en el país del Tio Sam. La limpieza es nula, todo está muy sucio y en algunas mesas había gente pasada de alcohol durmiendo. De todas formas debo admitir que la visita al local que se encuentra frente al Times Square no fue tan mala. La higiene era mejor.

El viaje llegó a su fin y solamente puedo realizar una crítica, que en nuestro país también sucede pero al no ser turista y no viajar a diario con la cantidad de equipaje que llevaba en ese momento, no suelo notarlo. El 98% de las estaciones de metro no cuenta con ascensores, cosa que dificulta mucho a la hora de trasladarte con tres valijas, dos mochilas y una carry-on.

Tomé mi vuelo directo de Aerolíneas Argentinas desde el JFK. Llegando a mi terminal por el tren interno del aeropuerto y pasando antes a comer mi American Subway Sandwich de despedida.

Entre abrazos y un par de lágrimas me despedí de Sofi, compré algunas golosinas en un local en la sala de embarque y esperé hasta tomar mi vuelo.

¿Cómo viajamos?
En metro. Se pueden sacar tickets o usar una tarjeta. Es difícil de entender hasta que le agarrás la mano. Es Uptown o Downtown, al asimilar eso ya podes ir enganchandole la mano.

¿A qué famosos vimos y por qué?
Daniel Radcliffe, James Franco, Leighton Meester, Morgan Freeman, Idina Menzel. En Broadway hay obras con actores de primera linea, por eso pudimos verlos. En el caso de los primeros tres fuimos a sus obras, en cuanto a Morgan lo vimos entrando al teatro y a Idina a la salida de su función.

¿Qué comimos?
Subway fue la base del viaje. Mc Donald's, aunque no lo recomiendo, en general son muy sucios salvo el que se encuentra frente al Times Square. Restaurante en Little Italy. Starbucks (always a good idea)

¿Dónde compramos?
H&M, Forever 21. American Eagle. Toys R Us (es buenísima, llené bolsas de regalos para mi sobrino)

¿Qué museos visitamos?
Madame Tussauds

¿Qué nos quedó sin hacer?
Las estatuas de Alicia en el País de las Maravillas en el Central Park. El MoMa. Subir al Empire State y al Rockefeller Center (pero los vimos desde abajo). Ver un musical.

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